Quest-que çe le Québec?
Testua: Karlos E. Hernandez. Zenbat Gara aldizkaria, 4.
zbk.
En principio, la respuesta a esta pregunta es fácil: a
día de hoy, Quebec es una más de las provincias
de la Federación canadiense. ¿Pero es realmente
una más? Con sus cerca de 2 millones de km2 (cuatro veces
el Estado español) y sus casi 9 millones de habitantes
(sobre un total de 30 para todo Canadá, en 1997), sería
la segunda provincia en importancia socioeconómica de la
Federacion tras Ontario. Pero por encima de todo, la provincia
francófona se define como un problema político,
precisamente por eso, porque el 80% de sus habitantes hablan francés,
y pese a la estandarización planteada por el nuevo mundo
global, este dato define una diferencia cultural que les distingue
del resto de los canadienses. Esta diferencia cultural, acaba
por afectar a otros aspectos de una sociedad que se siente distinta,
tanto en lo económico como en lo legal y lo político:
la mitad de los habitantes de Quebec planteó abiertamente
sus deseos de continuar su historia fuera de Canadá en
el referendum de 1995, y el propio gobierno provincial se declara
en rebeldía al no aceptar la Constitución
de 1982, si bien ésta se aplica de todos modos.
En un Estado como el canadiense, que se declara oficialmente bilingüe
desde 1969, la población francófona es inferior
a un 25% del total, y lo que es peor, esta población se
siente agredida fuera de Quebec: son muy pocos los
anglófonos que, sin vivir en Quebec o trabajar en servicios
federales de atención al ciudadano, dominen el francés.
Por contra, las necesidades laborales, el sistema educativo y
aspectos no menos importantes como la colonización televisiva
(y no sólo) del poderoso vecino del sur, desembocan en
el bilingüísmo de los francoquebequeses. Pero fuera
de lo relativo a la lengua, habría más datos que
resaltar: el desempleo en Quebec, en 1998, superaba el 125%,
frente al 86% de media en el Estado, y la media salarial
del trabajo en francés sigue siendo un 10%
inferior a la del trabajo en inglés.
Quizá estos datos bastasen para entender mejor las causas
por las que muchos quebequeses se sienten a disgusto en Canadá,
pero aunque estos hechos sean importantes, el Quebec problem no
es solamente estadístico: dentro del propio Quebec, numerosos
francófonos se declaran canadiensistas y, además,
la población más marginada no es la francófona...
Por debajo quedan otras minorías sociales: los inmigrantes,
por ejemplo, suman a sus problemas habituales (desarraigo,
discriminación, xenofoba y aculturación) su condición
de alophones (término con el que se define a quienes de
lengua materna no hablan ni francés ni inglés).
Pero peor aun que los propios inmigrantes lo tienen los pueblos
autóctonos, recluidos en reservas, mayoritariamente anglófonos
en una provincia francófona, y discriminados por todos
los demás grupos sociales (sin llegar a ser un 15%
de la población total del Estado, suponen un 14% de la
población masculina en prisión, y un 22% de la femenina,
ser mujer, también sigue siendo peor en Canadá).
Todo esto, complica aún más la realidad social de
Quebec (el territorio con el índice de suicidios más
alto del mundo, si bien como Estado, Canadá es el tercero
en la lista de la ONU), que como todas, es heredera de su historia...
Una historia que nace de dos conquistas militares, la primera
contra los pueblos indígenas, que desde mediados del siglo
XVI han visto como sucesivas oleadas de colonizadores reducíam
sus tierras, condenándoles a ser desheredados en su propia
tierra. La segunda, la Conquête de 1760, aquella por la
que los colonizadores franceses fueron colonizados por el Imperio
Británico. Por supuesto que desde entonces hasta hoy han
cambiado mucho las cosas, pero los derrotados de entonces, sus
memorias, subsisten en sus descendientes.
Una historia de los nacionalismos quebequeses.
Desde el mismo momento de su derrota, los francófonos de
Canadá supusieron un problema para las autoridades coloniales:
Quebec era una sociedad ya madura, católica y feudal, muy
distinta a la de los nuevos dominadores, protestantes y en proceso
de industrialización. El miedo a la secesión
de Quebec, por lo tanto, es previo a la propia existencia de Canadá,
y el nuevo poder colonial buscó la alianza con la jerarquía
católica (que vió garantizados sus privilegios desde
1775), para mantener la estabilidad social. Tras la independencia
de los EEUU, el antiguo Quebec se dividió en dos: Canadá
Este (para la mayoría francófona) y Canadá
Oeste (para la minoría anglófona, que pasaba a ser
mayoría en la nueva provincia). No obstante, la política
colonial no pudo evitar la rebelión francófona de
1837 dirigida por Papineau, y en la que se declaró la breve
República de Quebec, en 1838 (eso sí, desde el exilio).
Para evitar nuevas rebeliones, tras la represión de los
patriotes, en 1841 se reunifican las dos colonias en la Unión
Canadiense, y en 1867 se proclamaba una Constitución confederal
en la que a los dos canadás (ahora Quebec y Ontario) se
les unen más colonias (Nueva Escocia y Nueva Brunswich)
para crear el Dominio del Canadá, el primer Estado canadiense,
parte del Imperio británico hasta 1931, y de la Commonwealth
hasta nuestros días. Pero los distintos cambios constitucionales
no escondieron las claras intenciones de aculturar
Quebec en la nueva Confederación: pese a garantizar la
catolicidad de Quebec, asi como una legislación civil distinta
(la Coutumme de Paris), la agresión a lo francés
fuera de Quebec fue continua en el nuevo Estado (que se declaraba
anglófono).
Esto reforzó un nacionalismo francófono de claro
corte ultracatólico y anti-inglés: como dijo Tardivel,
a principios del siglo XX, Quebec debía ser el fortín
franco-católico de América.
En este contexto, la total imposición del Capitalismo en
Canadá, estaba desarticulando la tradicional sociedad de
Quebec, agrícola y feudal, protegida por la iglesia, y
que veía como la nueva industrialización se hacía
en inglés. El primer nacionalismo quebequés, se
transformó en aislacionismo hacia el resto de Canadá,
lo que supuso su colonización por modelos y capitales estadounidenses.
Con la crisis mundial de 1929, este nacionalismo encontró
una nueva articulación política: la Unión
Nacional de M. Duplessis, le Chef.
Entre 1935 y 1940, y después entre 1944 y hasta su muerte
en 1959, Duplessis dirigió Quebec, aislándolo del
resto de Canadá: con una política calificable de
ultraderechista, basándose en el control de las redes caciquiles
y el apoyo de la jerarquía eclesiástica, Duplessis
aumentó el retraso histórico que Quebec llevaba
acumulado respecto al resto de Canadá, impidiendo que el
nuevo Estado del bienestar se instalase en su provincia. Esta
pseudo-autonomía de Duplessis, se financió a costa
de la venta masiva de materias primas a EEUU, que a través
de esta colonización económica anglicanizó
Quebec entre 1944 y 1959, más de lo que lo hizo el Estado
canadiense entre 1867 y 1944. Cuando el Chef murió, en
el poder, Quebec se encontraba claramente subdesarrollado respecto
al resto de Canadá: el salario en francés
era sólo un 60% de la media del salario en inglés,
el sistema educativo en francés seguía siendo monopolio
eclesiástico, y el 80% de la actividad económica
de la provincia la controlaban anglos.
Pero con la muerte de Duplessis comienza la historia actual de
Quebec: con las elecciones de 1960, ganadas por los liberales
de J. Lesage, se inicia la Revolution Tranquille. Sin ser nacionalista,
aunque contando con jovenes nacionalistas en su equipo,
Lesage creó el embrion del actual gobierno provincial quebequés:
nacionalizó la energía; construyó de cero
un sistema educativo, laico, en francés; ayudó a
la creación de una nueva clase media francófona
que desde sus orígenes se unía al gobierno provincial,
etc. En sus seis años de gobierno, Quebec cambió:
la diferencia salarial entre englófonos y francofonos comenzó
a reducirse, al tiempo que se incrementó el peso económico
de la burguesía francofona, y munerosos programas de asistencia
social fueron puestos en marcha.
Pero estos mismos procesos sociales, crearon unas necesidades
culturales y políticas que Lesage no supo atender: desde
1945 hasta 1965, el porcentaje de francófonos en Quebec
había bajado del 85% al 70% (principalmete, porque los
nuevos inmigrantes preferian aprender inglés, el idioma
de trabajo), pero Lesage, federalista y liberal, se
negaba a desarrollar cualquier politica lingüística.
En 1966, la Union Nacional volvia a ganar las elecciones con el
lema de igualdad o independencia.
Pero cada vez que se ha movido el nacionalismo quebequés,
lo ha hecho el Gobierno de Ottawa. En medio de la Revolución
Tranquila, otra revolución estaba en marcha... Desde el
Gobierno central, se inició una campaña de construcción
de un nacionalismo pancanadiensista, anglófono, y autodefinido
como multiculturalista, que en el fondo suponía
un nuevo impulso centralizador en la política canadiense.
La radicalización del nacionalismo canadiense, a su vez,
empujó a la radicalización del nacionalismo quebequés.
Desde 1963, el Frente de Liberación de Quebec (FLQ) inició
una campaña de violencia política, mientras desde
1968, un ex-ministro de Lesage, R. Lévesque lideraba el
recién fundado Partit Québécois (PQ), centro
del nuevo movimiento soberanista. Las tensiones acumuladas estallaron
en la crisis de octubre de 1970: tras el secuestro de un diplomático
inglés y del ministro de trabajo de Canadá por parte
del FLQ, el Gobierno de Ottawa declaraba el estado de sitio en
Quebec y arrestaba indiscriminadamente a militantes nacionalistas
y sindicales, sin solucionar la crisis. Con esta crisis se inicia
una nueva lucha social del quebequismo, que consigue ganar las
elecciones provinciales de 1976, con un programa socialdemócrata
y en el que se prometía una ley lingüística
y un referendum de independencia.
Entre 1976 y 1986, y desde 1994 hasta hoy, Quebec ha estado gobernado
por el PQ, liderado en la primera ocasión por R. Lévesque,
y en la segunda por J. Parizeau y F. Bouchard. En el gobierno,
el PQ cambió su proyecto socialdemócrata por una
práctica neoliberal dura (rompiendo el movimiento huelguístico
de 1983 por decreto), pero manteniendo su nacionalismo, eso sí,
más pragmático. El nuevo quebequismo,
desde su fundación por Lévesque a finales
de los 60 hasta hoy, ha mantenido dos frentes de actuación:
el cultural (la francofonía) y el político (la soberanía).
Pero indiscutiblemente, al menos desde el giro conservador de
la década de los 80, el nuevo nacionalismo se divide en
sus dos objetivos entre la sociedad civil (que mantiene el nacionalismo
cultural) y el PQ (la sociedad política, muy preocupada
por las cuestiones de gobierno).
No obstante, en su primer mandato (1977-81), el PQ cumplió
gran parte de sus promesas: en 1977 la Ley 101 de Quebec, declaraba
el francés idioma oficial; en 1978, Quebec asumía
la gestión de su cuota de inmigrantes (imponiendo el idioma
como criterio de selección); la discriminación salarial
francófona se redujo a mínimos históricos
del 51% (1961) al 15% (1979); y por fin, en 1980, se convocó
el referendum por la independencia de Quebec. El referendum de
1980 supuso un momento de inflexión, segun muchos analistas,
un momento de derrota del quebequismo. El oui obtuvo
un 40% de los votos, frente al 60% de non. Parte de
este resultado se explica no tanto por la debilidad del PQ (que
en 1981 renovó su mayoria parlamentaria), como a la promesa
del Premier canadiense, Trudeau, de reformar la Constitución
para incluir las reivindicaciones quebequesas.
La Constitución se repatrió de Londres
en 1982, pero unilateralmente, e incorporándole una carta
de derechos que declaraba inconstitucional parte de la legislación
del PQ entre 1976 y 1982. Quebec, no firmó la aceptación
de la nueva Federación canadiense, y a día de hoy
sigue sin hacerlo (ni los federalistas liberales, que gobernaron
entre 1986 y 1994, se atrevieron a ese suicidio político),
por presiones de la sociedad civil. Desde 1982, la crisis constitucional
es permanente en Canadá, y cada intento de solucionarla
ha terminado en fracaso. El acuerdo firmado en 1987 en el Lago
Meech, por ejemplo, que reconocía la naturaleza dual de
la sociedad canadiense (francófona y anglófona),
fue rechazado por un diputado indigena de Manitoba (su único
voto en contra, rompió la unanimidad necesaria para aprobar
la reforma en aquel Parlamento), aduciendo que la sociedad canadiense
no era dual, y que afirmar eso sería menospreciar a la
tercera nación (primera en asentamiento) constitutiva de
Canadá: la indígena. Esto ocurría en junio
de 1990, y al mes siguiente comenzaba en Kanehsetake la última
rebelión indígena, la de Oka, en la que por segunda
vez en 20 años, se declaró el estado de sitio en
Quebec.
El fracaso de las reformas constitucionales, y la crisis económica
de principios de los 90, reforzaron las tesis quebequistas, y
el PQ, dirigido por J. Parizeau tras la muerte de Lévesque
en 1987, volvió a ganar las elecciones en 1994 con la promesa
electoral de un segundo referndum, convocado para 1995. Quince
años después de la derrota de 1980, y tras el incumplimiento
de las promesas de reforma de la Constitución, Parizeau
confiaba en ser el primer dirigente de un Quebec independiente,
pero pese a conseguir un empate técnico, el recuento final
trajo un 494% de votos independentistas frente a un 506%
de canadiensistas (con una participación del 93% del censo).
Cumpliendo su promesa, Parizeau dimitió tras conocer la
derrota, y desde entonces el PQ y Quebec están dirigidos
por F. Bouchard, quien en la campaña electoral de 1998
(la de su reeleccion) prometió un nuevo referendum para
el 2001: el siglo XXI, el de la independencia.
Ahora sólo queda esperar a esa fecha (o a la que sea, otro
refernedum es bastante probable, aunque no sea tan pronto y el
resultado sea incierto), y ver si el voto soberanista supera el
51% de los votos, límite necesario para que el Tribunal
Supremo de Canadá asuma como válido el resultado
de la consulta.
Je me souviens...
En pocas ocasiones, un pueblo expresa su conciencia historica
con la claridad que lo hace el de Quebec. Je me souvians (yo recuerdo)
es el lema oficial de la provincia, puede verse en la matrícula
de todos los vehículos, en todos los edificios públicos,
en los documentos oficiales. Es un tema recurrente en la literatura,
el cine, la música, la política... ¿Pero
de que hay que acordarse? Hay que acordarse de la conquista de
1760, tanto de la agresión inglesa como de la cobardía
de la monarquía francesa (que retiró su ejército
y su nobleza, abandonando a los campesinos quebequeses a su suerte);
hay que acordarse de la Rebelión de 1837-38, de la represión
que la siguió; de la unificación de 1841; de la
Constitución de 1867; de la ejecucion de Louis Riel en
1885 (el mestizo francófono que se rebeló en Manitoba
en 1870 y en Saskatchewan en 1885); de la supresión de
las escuelas francófonas en Ontario en 1911; del reclutamiento
forzoso de francófonos para las dos guerras mundiales (independientemente
de que en 1942, el 72% de los quebequeses dijesen no
al reclutamiento); hay que acordarse del habre de los años
50; de la crisis de octubre de 1970... De muchas cosas, la memoria
histórica (aunque sea deformada por la historia oficial),
se cultiva en Quebec más que en el resto de Canadá.
Para T. Sloan, Je me souvians es un mito, en el sentido
de haber ayudado a preparar un sentimiento de unidad y continuidad
a un pueblo que necesitaba ese sentimiento si quería perdurar.
Mas que un lema oficial, je me souviens es la expresion de una
mentalidad, la mentalidad del québécois que cuando
mira al resto de Canadá dice: souviens toi!
La crisis de octubre
El 5 de octubre de 1970, el Front de Libération du Québec
(FLQ) secuestraba a J. Cross, diplomático británico.
Las reivindicaciones del secuestro pedían la independencia
de Quebec, la liberación de 23 presos políticos
y la lectura pública de su Manifeste. El día 8,
el gobierno autorizaba la difusión pública del documento
del FLQ, un texto de inspiración marxista-leninista, que
defendía el nacionalismo descolonizador, y que tras reivindicar
el espíritu de la rebelión de 1837-38, terminaba
con la frase que hizo famosa el General de Gaulle en Montreal
en 1967 (antes de ser expulsado de Canadá): Vive le Québec
libre!
El día 10, el ministro federal de trabajo, P. Laporte,
también era secuestrado. El día 16, el Premier canadiense,
P. E. Trudeau, declarada el estado de sitio en Quebec. El ejercito
federal iniciaba una serie de detenciones indscriminadas.
En respuesta, el FLQ acabó con la vida de Laporte el dia
17. La crisis terminó el día 3 de diciembre con
la liberación de Cross y la huida de sus secuestradores
a Cuba (junto con un rescate de un millón de dólares
en oro). Pese a que un 87% de la población canadiense apoyó
la política del Gobierno, un 50% de la quebequesa la rechazó.
La crisis de octubre fue el momento en el que se fragua el asentamiento
del PQ, y su la victoria electoral de 1976. Pero con independencia
de los desarrollos políticos, la crisis de octubre supuso
un shock social: el FLQ no pudo desarrollar su plan de iniciar
una sublebación anti-inglesa, y se autodesintegró
a lo largo de 1971 en su exilio cubano. Por su parte, el movimiento
quequista sufrió una humillación que subsiste hasta
hoy en día. G. Miron, el poeta nacional de
Quebec, encarcelado durante la crisis, no cice en su poema LOctobre:
et toi, Terre de Québec, Mèrre Courage
dans ta longue marche, ...
...
nous avons laissé humilier lintelligence des pères
nous avons laissé la lumière du verbe sailir...
¿Lengua, cultura o política?
Podrá parecer una anécdota, pero en Quebec no existen
los McDonalds. La ley lingüística de 1977 (la
101), prohibía el genitivo sajon en las rotulaciones publicitarias,
por lo que la marca de hamburguesas asumía el nombre de
McDonald. Igual ocurría con el empaquetado de todos los
productos alimenticios, que debía ser bilingüe pero
con las letras francesas de doble tamaño a las inglesas.
La polémica estaba servida, y la ley de defensa del francés
quedaba declarada ilegal por la Constitución de 1982. No
obstante, la ley 101 sigue activa, y sus frutos se han hecho sentir:
el 70% de francófonos quebequeses de 1975, pasaron a un
80% en 1990, y si en 1977 un 70% de los inmigrantes estudiaban
el inglés y no el francés, en 1997 era el 70% el
que estudiaba francés y no inglés.
Pero más allá de sus efectos estadísticos,
la ley de 1977 incluía proyectos de recuperación
del jouel (el dialecto francés de la clase obrera de Montreal),
del folcklore popular, de tradiciones y fiestas rurales... Con
estos proyectos, se ayudó a la activacion de una nueva
cultura francoquebequesa. Desde la ley 101, los proyectos de asistencia
cultural a la población francófona se multiplicaron,
al tiempo que la discriminación historica de lo francés
desaparecía, iniciándose una cierta persecución
de lo inglés (mediatizada por un sistema judicial federal
claramente anglófono).Con el giro conservador de los años
80, muchos aspectos de la política cultural del PQ se perdieron
entre los ajustes presupuestarios, pero el renacimiento
cultural quebequés siguió adelante: la sociedad
civil se mantuvo en su proyecto de construcción cultural,
y en la década de los 90, fue la primera en reaccionar
ante la expansión de la globalización y la informatización,
que volvían a poner en cuestión la diferencia de
Quebec. Un ejemplo, por iniciativa municipal y con el apoyo de
numerosas asociaciones ciudadanas, desde los años 70, Montreal
(una ciudad con el 40% de anglófonos, otro 40% de francófonos
y un 20% de alófonos) inició su proyecto de convertirse
en centro cultural de la francofonía americana, un proyecto
que a día de hoy es una realidad.
La crisis de Oka: el nacionalismo indígena
En junio de 1990, en medio de la crisis política que siguió
al fracaso político del intento de acuerdo constitucional
del Lago Meech, los mohawks de Kanehsetake, en el municipio de
Oka, levantaban barricadas en defensa de la pineda sagrada y el
cementerio sobre los que se pretendía construir la ampliación
de un campo de golf. El 10 de junio, la policía provincial
de Quebec atacaba las barricadas y se retiraba, dejando a uno
de sus oficiales muerto en el tiroteo. Ese mismo día, los
mohawks de Kanhawake, en solidaridad con sus hermanos, bloqueaban
con más barricadas el Puente Mércier (la principal
arteria de comunicación de Montreal), e iniciaban una resistencia
que siguió hasta el 26 de septiembre de ese mismo año,
fecha en la que el ejercito federal (durante el segundo estado
de sitio en Quebec, tras el de 1970), ocupaba y desmantelaba las
barricadas.
La crisis de Oka no fue un accidente, ni una anécdota.
Igual que la década de los 60 supuso el reforzamiento de
los nacionalismos canadiensista y quebequés, fue también
la década de construcción de un nuevo movimiento
indigenista que reclamaba sus derechos históricos, y que
se articulaba en dos ejes: el resurgir de la religión espiritualista
o tradicional, y la organización de las Warriors
societies, movimiento de jovenes indigenas preocupados por su
situación sociopolítica: la marginación total
y la reclusión en las reservas.
Durante las décadas de 1970 y 1980, el nuevo indigenismo
ensayó estrategias legalistas que se hundieron una y otra
vez frente a la política federal y un sistema judicial
que demostró a las claras su racismo. Esta situación
radicalizó el movimiento indigena, que desde finales de
los años 80 adquirió un lenguaje cada vez más
radical, reividicando la soberania indigena: como dijera el Consejo
tribal de los Carrier-Sekani en 1983, el principio es muy
simple. Sólo los pueblos indígenas pueden diseñar
sistemas para los indígenas, Cualquier otra cosa es asimilación.
Esta filosofía fue la que llevó a la rebelión
de 1990, que pese a su dura represión, al menos consiguió
los dos objetivos que buscaba: reivindicar el indígena
como el tercer nacionalismo de Canadá-Quebec, y conservar
intacta la pineda sagrada de Oka.
El Tribunal Supremo y la no conclusión de 1998
Tras el referendum de 1995, y visto el resultado, el Gobierno
de Ottawa intentó evitar la posibilidad de una independencia
de Quebec a través del referendum. Para ello, el Gobierno
Federal envió una serie de preguntas al Tibunal Supremo
deCanadá para aclarar si la provincia podía declarar
unilateralmente la independencia, y en caso de respuesta afirmativa,
que porcentaje de votos era necesario para ello. Este debate político
se desarrolló en 1998, y en septiembre de ese año,
el Tribunal respondió con la ambigüedad propia de
la política canadiense: si la mayoría era suficiente,
Ottawa tendría que negociar con Quebec las condiciones
de la independencia... ¿Pero cuánto es una mayoría
suficiente?
El derecho inglés acepta la tradición como ley,
y hay un antecedente de referendum soberanista: en 1949, Terranova
se incorporó a la Confederación Canadiense tras
un referendum en el que el 51% de los electores apoyaron la opcción
integracionista... Es decir, alegan los quebequistas, que si un
51% de los votos es suficiente para entrar, debe también
ser suficiente para salir. Con independencia de que
en otros puntos se de más razón a Ottawa que a Quebec,
el hecho es que el tribunal marca un mínimo que se situa
a a sólo un 16% del porcentaje independentista de
1995, manteniendo abierta la vía del referendum para la
obtención de una posible soberanía de Quebec. En
cierto modo, la sentencia de 1998 no cambia la situación
previa, e incluso afianza las tesis del PQ, que sigue viendo en
el referendum la solución.
Por supuesto que esta misma sentencia ha sido utilizada por los
canadiensistas de Quebec, que han afirmado que propondrían
referenda localer o regionales para independizarse de un Quebec
independiente y regresar a Canadá, con lo que una vez más,
el panorama no sólo no se aclara sino que en cierto sentido
se complica (por ejemplo, en un referendum paralelo celebrado
también en 1995, un 85% de los indígenas de Quebec
declaró su intención de permanecer en Canadá,
se independizase o no Quebec). Pero indiscutiblemente, la defensa
de la opción refederndum sigue siendo una de
las razones más interesantes del modelo nacionalista quebequés,
y de aquellos québécoises que creen que un Quebec
independiente sería más libre y democrático.
La respuesta a todas estas cuestiones (positiva o negativa), quizás
llegue en la primera década del siglo XXI, o quizá
no, pero la sociedad de Quebec es así... con sus sueños
de futuro, con sus pesadillas de pasado, y con sus contradicciones
presentes.
Bilbon, 99ko 11en 9an.